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domingo, 23 de octubre de 2016

SEGURIDAD CIUDADANA: UNA BUENA. OPINIÓN DE PEDRO BORDABERRY

(Pedro Bordaverry)
La semana pasada se anunció que ¡por fin! el Frente Amplio daría sus votos para aprobar nuestro proyecto de ley sobre delincuentes reincidentes.
El proyecto ya tenía media sanción de la Cámara de Senadores, pero faltaba la aprobación de los Diputados.
Varios legisladores del Frente Amplio se negaban a votarlo y hasta pidieron autorización para no hacerlo, la que les fue negada.
La aprobación se hará pocos días antes de la interpelación que realizaremos al Ministro del Interior, Eduardo Bonomi.
Lo que revela que las interpelaciones sí pueden tener efecto. Aún antes de que ocurran.
Lo bueno es, además, la evolución que el oficialismo tuvo en este tema.

Cuando en el año 2014 planteamos el proyecto de ley, el mismo fue duramente cuestionado por el Frente Amplio, negándose incluso a tratarlo en la Comisión respectiva.
Cuando lo reiteramos a principios del 2015, ya pasado el acto eleccionario, la reacción fue de cautela.
Finalmente este año logró el apoyo de todos los partidos y una buena parte de legisladores oficialistas. Éstos lo votaron en forma unánime en la Cámara de Senadores y anunciaron que esta semana lo mismo harán en la de Diputados.

El proyecto pretende excluir a los delincuentes reincidentes del beneficio de las Salidas Transitorias y del régimen de libertad anticipada y condicional.
La ciudadanía está agobiada por la creciente ola de delincuencia y cansada de ver delincuentes reincidentes o que usufructuando una salida transitoria vuelven a delinquir.

Los noticieros informan de capturas de personas cometiendo un nuevo delito y detallan el terrible prontuario que éstas poseen. Lo que nos lleva a todos a cuestionar: ¿cómo es posible que ya estuviera suelto otra vez? ¿Cuántas víctimas menos existirían si ese delincuente estuviera realmente rehabilitado o no hubiese recuperado la libertad tan rápidamente? ¿Quién devuelve la vida que tomó el delincuente reincidente en su accionar criminal?
A responder esas preguntas apunta el proyecto de ley que se aprobará esta semana.
Al presentar el mismo no innovamos.
Varias legislaciones del derecho comparado instituyeron una normativa moderna cuyo propósito es enviar a la delincuencia una señal muy clara y firme: la reincidencia, la habitualidad delictiva y la vocación delictiva serán duramente penadas por la sociedad.
Este tipo de regulación penal se ha apoyado principalmente en la tesis de la atención sobre el delincuente crónico, al segregarlo de la sociedad por un tiempo prolongado, para evitar que siga reincidiendo y lesionando a la ciudadanía; y para tener más tiempo para implementar políticas de rehabilitación en el mismo.

Recientemente se criticó públicamente a los Jueces sin analizar que éstos lo que hacen es aplicar la ley. Si ésta impone determinadas libertades, la culpa no es de los Jueces, sino de las leyes.
Por ende, en lugar de criticar a los Magistrados lo que había que hacer es lo que se hará esta semana: dictar nuevas leyes.
Tan sencillo como eso.
El ministro de la Suprema Corte de Justicia (SCJ), Dr. Jorge Chediak, ha opinado públicamente que: “habría que modificar la incidencia de los antecedentes” a la hora de condenar a los delincuentes. En tal sentido, dijo que en Estados Unidos al tercer delito cometido por una persona se lo pena con “larguísimos años aislado de la sociedad”.
El Magistrado sostuvo que de esa forma se podría “desestimular” las acciones delictivas, porque quien cometa varios ilícitos “va a estar aislado de la sociedad en largo tiempo hace y eso hará que ese ciudadano no delinca”.

Si bien la aprobación de la quita de beneficios a los reincidentes es un avance, existe un par de elementos que no son del todo positivos.
Uno es que el proyecto de ley original traía dos normas más que quedaron por el camino.
Una de ellas era la que aplicaba penas más severas a quienes reinciden cometiendo delitos graves. Es lo que en Estados Unidos y Nueva Zelanda se llama la regla de “three strikes and you´are out“. Esto significa que cuando se reincide por tercera vez se imponen sanciones obligatorias sin posibilidad de fijar mínimos ni máximos.
El fundamento de esta regla es que hay que proteger a los ciudadanos honestos de quien delinque por tercera vez (obviamente sin caer en la pena perpetua, con la que no estamos de acuerdo).
Quitarle al reincidente, por lo menos, los beneficios de salidas y libertades antes de tiempo, es un avance.
Avance que no es suficiente pero, por lo menos, es un paso en la dirección correcta.

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