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domingo, 13 de agosto de 2017

“A CUALQUIERA LE PUEDE PASAR” UNA HERMOSA HISTORIA SOBRE LA SOLIDARIDAD TARARIRENSE


El Sr. Julio Boquete quién vive en Buenos Aires - Argentina, viajaba en auto con su familia a pasar la navidad del año pasado con otros familiares en Montevideo, pero en el camino -cerca de nuestra ciudad- en la Ruta 22, viniendo desde la Ruta 21 el auto se descompuso.
Como él mismo cuenta, fue increíble como esa dificultad se transformó en un hermoso recuerdo inolvidable de nuestra ciudad.
A continuación les dejamos su historia, la cual no tiene desperdicio:

A CUALQUIERA LE PUEDE PASAR

Podés tener un inconveniente mecánico en la ruta, que el auto no responda y te deje en el medio de un campo sin árboles una mañana de diciembre mientras la temperatura y el sol suben impiadosos.

Si uno va acompañado de la familia, el trago se comparte, pero si viene la abuela, la preocupación por su comodidad en esas circunstancias comienza a hacerse sentir.

Podés tener la fortuna de hacer dedo para buscar ayuda y que el cuarto coche que pasa te levante, y encima, se comunique él mismo con un mecánico y le pida que te venga a ayudar.

Puede ocurrir que el mecánico llegue y al no poder resolverlo, te remolque 20 km hasta su pueblo y te lleve al taller de quien pueda resolver el problema.

Y a uno le toca esperar en ese diciembre con sol y temperatura en ascenso.

Puede ser también que el mecánico te ofrezca que uses su camioneta para llevar a la familia a comer a algún lugar, mientras llega el otro mecánico.

Podés llegar a comer a un boliche del pueblo que por el calor te ofrezcan llevar a la abuela a una casa fresca para descansar mejor mientras esperan.

Podés llamar a un taxi del pueblo para volver al taller y que llegué casi al momento.

Te puede pasar que hables con un mecánico electricista de un pueblo de campo que sepa que se puede adaptar en tu auto un repuesto de otra marca que había en la casa de repuestos del pueblo y no tengas que demorar otro día esperando el repuesto de tu marca.

Claro, ese trabajo lleva unas tres horas y en la hora de la siesta en diciembre, es complicada la espera.

Pero se puede alivianar si alguien te ofrece ir a su casa, para esperar en un ambiente fresco, mientras el mecánico hace su trabajo.

Claro, puede ocurrir que la persona que te lo ofrezca esté muy ocupada, pero te deje en su casa mientras ella continúa con su trabajo de taxista.

Sería sorprendente, pero puede ocurrir.

A veces los mecánicos cumplen con terminar el trabajo en el horario establecido, no siempre, pero ocurre.

Y también puede pasar que llames al taxi y llegue en menos de 5 minutos para trasladar a toda la familia al taller.

Uno a veces encuentra talleres con excelente disposición que hacen trabajos excelentes y cobran precios razonables.

Puede ocurrir que la persona del taxi, se ponga en tu lugar y ni siquiera te quiera cobrar los viajes.

Pero encima, uno puede conocer buena gente a partir de un problema.

Claro, es muy difícil que todo ocurra, si sale una cosa no sale la otra; pero, hay un pueblo en Uruguay, a pocos kilómetros de Colonia, donde vive gente que hace que estas cosas ocurran todas juntas, donde la solidaridad no es sólo una palabra.

Todo esto ocurrió el 21 de diciembre allí, en Tarariras.

Lo que era un problema complicado, se transformó en una experiencia de vida inolvidable.

Ningún seguro puede cubrir toda la cadena de ayuda y solidaridad que vivimos. Un ejemplo de convivencia y de no ser indiferente a necesidades ajenas.

Eterno agradecimiento por este ejemplo a:

Sonia, la taxista que nos trasladó y nos dejó en su casa.

Fabián, el mecánico que nos remolcó.

Emanuel, el mecánico que arregló el auto.

El paisano que llamó a Fabián.

Los que atendían el restaurante.



Encontrarse con tan buena gente, nos enriquece la vida...

Muchas gracias gente de Tarariras!

Julio compartió esta historia en su Facebook, pero quería que además de sus amigos, nosotros también nos enteráramos de esta cadena de favores, por lo que nos la compartió y solicitó publicación.
Sinceramente al leerla se me llenaron los ojos de lágrimas (y a que a varios de ustedes también).
Cuando le comenté con mucho orgullo que Tarariras tendrá sus cosas, pero que, en solidaridad no se si nos ganan, finalizó diciendo:
Realmente fue una hermosa experiencia, y es bueno resaltarla en épocas en que hay tanto individualismo.

Tengo el mejor recuerdo de toda la gente de Tarariras con las que nos cruzamos”.

Tarariras ¡adelante, adelante!