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miércoles, 31 de mayo de 2017

ELVIS GARCÍA RECORRIÓ 170KM FINALIZANDO 1º EN SU CATEGORÍA


Como TararirasHOY ya informó en este artículo, el tarariresnse Elvis García estaba entrenando para participar de la Ultramaratón Internacional en Montevideo. Allí nuestro representante logró recorrer 170 kilómetros y 617 metros en 48 horas, girando en una pista de atletismo de 400 metros. Hubo dolor, alegría y la hermosa obsesión por seguir adelante cuando el cuerpo dice basta.

TararirasHOY dialogó al respecto con el protagonista quién nos dijo lo siguiente:
Desde que se realizó en Montevideo la primer Ultramaratón de 24 horas, tenía ganas de probar mis límites y competir en una prueba extrema de este tipo, por distintas razones fui postergando esa loca idea. Este año, un mes y medio antes de la Ultramaratón de 48 horas Uruguay Natural decidí realizarla como un gran desafío para probar una nueva experiencia y medir mi capacidad física y mental.
Lo primero que hice fue informarme más sobre que tipos de entrenamientos se utilizaban y armé uno de acuerdo a mi estado físico y horarios disponibles, ya que se necesitan muchas horas de entrenamiento sobre todo en los fondos (carreras de larga distancia) los cuales realizaba los fines de semana. Ese mes y medio fue muy sacrificado, tenía que madrugar todos los sábados y domingos, con fondos de hasta 9 horas por día combinando trotes, caminatas, y luego ir a trabajar. Varios fines de semana tuve que cambiar de compartir con mi familia a entrenar para cumplir un objetivo.
Unas semanas antes del gran día se me ocurrió la idea de transformar mis kilómetros en dinero para beneficiar a alguien que lo necesite, entonces me comuniqué con el Club Leo de nuestra ciudad y en unos días ya estábamos largando la campaña donde se pedía donación voluntaria a las empresas de $10 por cada kilómetro de mi recorrido y el total recaudado se dividiría entre las dos escuelas públicas de nuestra ciudad, la 38 y 142). Ese proyecto sería otro impulso para sumar la mayor cantidad de kilómetros posibles.
Cuando me inscribí, mi meta mínima era llegar a los 100 kilómetros. Al comentarlo a mis amigos todos me decían 'estás loco correr dos días y tantos kilómetros' pero igual no cambió en nada mi decisión.

La ultramaratón internacional en la que participé se divide en cuatro modalidades: 6, 12, 24 o 48 horas. La competencia se basa en correr la mayor cantidad de kilómetros posibles en ese tiempo y uno puede organizar su estrategia como quiera. Se puede correr rápido, trotar suave o caminar. Está permitido descansar o dormir el tiempo que se necesite. Siempre se corre en la pista de atletismo de 400 metros y se cambia de sentido cada 6 horas.

Llegó el día de la prueba, armé mi mochila con todo lo necesario y viajé temprano hacia Montevideo. Al llegar a la pista me recibió abundante lluvia y mucho frío pero todo cambiaba con el recibimiento de los organizadores que a pesar de no conocerme me saludaban con gran simpatía. Armé mi carpa lo cual se me complicó bastante ya que al haber mucho viento arrancaba las estacas y quedé empapado por la lluvia. Por el mal tiempo, varios competidores llamaron a los organizadores para ver si se suspendía y varios abandonaron antes de empezar.

El primer día de la competencia troté y caminé nueve horas bajo lluvia con un viento intenso y mucho frío, por lo que me decían compañeros con más experiencia, esta fue una de las competencias más sufridas, pero a pesar de eso logré desafiar al tiempo y seguir adelante, aunque varias veces se me cruzó por la cabeza descansar y esperar que la lluvia pare. Cada tres o cuatro vueltas tomaba agua o Gatorade y comía algo tratando de no parar y seguir caminando. En la parte de alimentación e hidratación, destaco lo completa que estaba la mesa exclusiva para atletas; había bebidas deportivas, Sprite, Coca Cola, Fanta, agua con gas, agua sin gas, y alimentos como pasas de uva, maní, queso, dulce de membrillo, chocolates, zanahorias, pasta frola clásica y mi preferida: pasta frola de dulce de leche. A parte de eso también se servía desayuno, almuerzo y cena.
Luego de pasar 9 horas de luchar contra la lluvia y el frío decidí dormir cuatro o cinco horas, las cuales se convirtieron en 7 horas por el intenso cansancio.

Al otro día (sábado) me levanté y comencé de nuevo a girar por la pista caminando varias vueltas para despertarme y calentar bien antes de comenzar a correr. Mientras caminaba o corría lo único que hacía era meditar, pensar y tratar de entretener mi mente pero siempre consciente de que estaba en una competencia y por lo tanto mientras me respondiera el cuerpo no pararía por ninguna razón. Nunca había competido en una carrera de más de 10 kilómetros, pero en mis entrenamientos había estado hasta 9 horas en movimiento, tomando en cuenta que la pista no tiene repechos, mi idea era hacer etapas de un poco más de esas horas. Todo este mundo de ser ultramaratonista era nuevo para mí y eso me hacía emocionar. Al haber hecho el día anterior 55 kilómetros pensé, 'si eso lo hago en tres etapas seguro que llegaba a los 150 kilómetros' y eso me animó más a seguir adelante. El sábado logré sumar 65 kilómetros más y así llegar a un total de 120 kilómetros y con esto ya me sentía una especie de super humano. A esta altura de la competencia ya estaba lleno de ampollas por lo que tuve que dirigirme a la carpa de los médicos donde me atendieron de muy buena forma y me vendaron los pies para que continuara la carrera. Estiré mis músculos como lo había hecho el día anterior antes de dormir y fui a descansar a mi carpa donde respondí mensajes a mi familia, amigos, compañeros de trabajo del Municipio y compañeros del grupo de corredores “Tarariras También Corre”. Fueron varios los mensajes de aliento que recibí y eso la verdad me emocionaba mucho; con esa mezcla de sensaciones de ansiedad, alegría, emoción y mucho cansancio hasta me daban ganas de llorar. Esa noche calculé que para llegar a completar los 180 kilómetros tenía que dormir menos de dos horas, me acosté y gracias a mis vecinos de carpa que conversaban todo el tiempo solo logré dormir 30 minutos.

Unos minutos antes de las doce de la noche me levanté y me sentía como un zombie, me dolía todo, luego de unas horas comencé a sentir que mi cuerpo caminaba como con piloto automático, era como que ya no sentía más mi cuerpo, se me cerraban los ojos y sólo miraba hacia el piso. Por suerte a toda hora los organizadores y jueces estaban en la pista y cuando nos veían decaídos nos hablaban y animaban diciendo 'vamo arriba, ya queda poco, vamo arriba Luis' y aunque parezca poco, eso influía sobre nuestro ánimo. Al rato comencé a mirar a los otros competidores y me di cuenta que estábamos todos iguales, miradas perdidas y hasta alguno llegó a caerse al piso por no coordinar bien los movimientos. Ese momento es cuando te preguntás '¿que estoy haciendo acá?' y nuestra mente comienza a tratar de frenarnos tentado a la idea de dejar todo e ir a dormir. Algo que me llamó mucho la atención que nunca había visto en las carreras que había competido, fue ver a varios competidores acalambrados, paspados y vomitando; esas imágenes me impresionaron mucho aunque era obvio por ser una prueba que traspasa los límites del cuerpo y la mente.

Cuando se hicieron las siete y algo de la mañana y comenzó a salir el sol, mi cuerpo comenzó a llenarse de energía, pero en un momento cuando estaba trotando sentí un fuerte dolor en el tobillo. Comencé a caminar pero ya no aguantaba el incómodo dolor, fui nuevamente a la carpa de los médicos los cuales me dicen que era un esguince, me masajearon con una crema y me colocaron hielo para bajar la inflamación. Volví a la pista e intenté correr pero el dolor era punzante, por lo cual decidí hacer los últimos kilómetros solo caminando, estaba seguro de que no iba abandonar. A las diez de la mañana llegó mi familia y eso me puso muy felíz. Faltando dos horas para terminar la prueba ya la mitad de los corredores caminabamos con dificultad por las ampollas y el cansancio acumulado, y para distraer la mente conversábamos con distintos atletas, de Montevideo, Carmelo, Mercedes y hasta con los brasileños.
Faltando pocos minutos para completar las 48 horas nos entregaron una regla con nuestro nombre la cual había que dejar en el piso para medir justo cuánto habíamos hecho. A las 47 horas con 55 minutos faltando la última vuelta, todos olvidamos el dolor y el cansancio y comenzamos a correr, yo tomé la bandera de Tarariras y aunque el dolor del tobillo era insoportable corrí y completé la última vuelta mostrando mi bandera con orgullo. Al final, cuando sonó una campana de aviso de tiempo cumplido fue mi mejor momento en la carrera. Mi esposa, mi hijo y mi madre me recibieron con besos y abrazos sintiendo una emoción única y verdadera.
Uno de los organizadores, de los cuales había conversado desde que me inscribí, me felicitaba por la buena carrera que había hecho, y me decía 'muy bien Luis, pensabas hacer 100 kilómetros y mirá a lo que llegaste'. Todavía me cuesta creer lo que logré, a pesar del mal tiempo y que era mi primera vez, enfrentarme a la monotonía de correr alrededor de una pista de 400 metros, logré realizar 426 vueltas a la pista, haciendo un total de 170 kilómetros y 617 metros, logrando el primer puesto en mi categoría y sexto puesto en el ranking uruguayo 2017, imaginate ¡una emoción increíble!.
Este logro fue el resultado de un entrenamiento estricto en el cual lloviera, hiciera calor o frío siempre cumplí al pie de la letra sumado a la fe en que lo iba a lograr y así fue.

Al subir al podio y recibir la medalla y el trofeo pensaba en que era increíble el poder de la fe y lo que uno puede llegar hacer. Como digo siempre: 'si tienes una meta sólo debes poner tu energía en ello y seguro que lo logras, ya sea en el deporte o en la vida misma'.
Al terminar el evento pensé en no volver a competir más en una ultramaratón, pero al otro día cuando ya me sentía mejor, cambié de opinión al ver que algunos comercios estaban apoyando el proyecto Corro por los Niños y pensé, esto lo tengo que repetir para seguir superándome y colaborar con mi gente. Ese proyecto tiene que perdurar en el tiempo y hacerse todos los años para unir el deporte con la solidaridad y demostrar que los tararirenses somos solidarios de verdad.

Por último quiero agradecer en primer lugar a mi familia quienes son los que me apoyan siempre en todo, a mis compañeros de trabajo del Municipio que siempre me dan para adelante, a mis amigos y conocidos que me apoyan por las redes sociales, al Club Leo Tarariras quienes organizaron el proyecto para colaborar con las escuelas, al Municipio de Tarariras y Adeom Colonia, quienes colaboraron para que pueda competir y a mi sponsor Natural Life y Compressport por el apoyo en suplementos e indumentaria deportiva”.

TararirasHOY felicita a Elvis García no solo por superar su meta deportiva, sino que también por colaborar con las Escuelas tararirenses con su proyecto solidario llamado “Corro por los Niños”.