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06 agosto 2012

DE LA MANO DEL ESPERANTO VIAJAMOS A POLONIA

(Arriba izquierda: Ana María con su sobrina. Arriba derecha: En el zoo. Abajo: En la mina de sal)

Nuevamente este año nos preparamos para viajar con el ESPERANTO, el destino elegido fue Polonia, la patria del creador del idioma internacional el doctor Ludoviko Zamenhof.

Desde hace cuatro años con mi sobrina mantenemos correspondencia con un esperantista de Polonia, a él se sumaron otros, entre ellos una maestra con la cual los niños del Colegio San José mantuvieron correspondencia durante dos años, realizando el primer contacto entre niños esperantistas.

La correspondencia por internet y por correo postal fue estrechando los lazos de amistad al punto de sentir un intenso deseo de conocernos personalmente.

Es así que junto con mi sobrina Marisa y mi amiga Sonia de viajes anteriores, comenzamos los preparativos de nuestra soñada visita, nos pusimos en contacto con diferentes asociaciones esperantistas haciéndoles partícipe de nuestro viaje y del deseo de alojarnos con esperantistas, la respuesta fue inmediata y superior a lo imaginado, llegaron propuestas de distintas ciudades de Polonia, quienes no solo nos abrían las puertas de hogares sino que ya planeaban encuentros y posibles excursiones.

Ante este panorama y aceptando muy felices tantas posibilidades, con ayuda de ellos coordinamos nuestro itinerario de visita.

El 9 de julio partimos desde Buenos Aires a Madrid, luego de recorrer durante la mañana dicha ciudad, tomamos el vuelo a Varsovia. En esa ciudad fuimos recibidas por nuestro nuevo amigo esperantista, Roman, el cual también viaja por el mundo con su tarea de periodista, ha visitado nuestro país y aprendió español.

El 11 de julio, siempre guiadas por nuestro amigo, tomamos nuestro primer tren a Vroclavo, en ese viaje conocimos a una familia alemana, la señora hablaba español!

Al llegar a Vroclavo nos estaban esperando tres esperantistas, de los cuales  Wanda fue quien nos alojó en su casa de campo. Junto a ella visitamos la ciudad, nos encontramos en la sede y realizamos paseos con otros esperantistas.

En esta ciudad nos pudimos encontrar con una amiga por correspondencia, Conny viajó desde Alemania, para conocernos. En Vroclavo tuvimos un verdadero encuentro internacional, Polonia, Alemania y Uruguay, unidos por el ESPERANTO.

Llegó el doloroso momento de la despedida, pero debíamos continuar nuestro plan de viaje, a esta misma ciudad llegó en su auto nuestro amigo Jacek, él nos llevó a Cracovia, recorrimos esta histórica ciudad y viajamos hasta una ciudad próxima, Wieliczka, para conocer una mina de sal, la que actualmente es un museo, con sus maravillosas esculturas en sal así como una incomparable iglesia en sus profundidades.

Nuestro amigo fue a despedirnos a la estación de tren, alejarnos de quien tanto apreciábamos se sentía en nuestro pecho, el viaje seguía…

Llegamos a Lodz, ciudad industrial de Polonia, aquí también nos recibieron hermosas personas, nos alojamos en el hogar de Zofis, nuestro días de paseos en tranvía, ómnibus y largas caminatas continuaron, nuevos amigos esperantistas llegaban con su simpatía, solidaridad y ganas de saber sobre nuestro país así como con ganas de contar acerca del suyo, en especial de su ciudad. Ellos nos llevaron a conocer una mina de sal que actualmente produce, provistos de cascos amarillos nos maravillamos en esos enormes túneles subterráneos.

Los días pasaron, tres ciudades quedaban atrás, nuevamente en el andén los abrazos y las lágrimas de tristeza y felicidad se entremezclaban.

Viajamos a Varsovia, ella nos recibió a nuestra llegada a Polonia y ahora nos aguardaba para deleitarnos con sus bellezas históricas, totalmente reconstruidas después de la guerra.

En esta ciudad Irek nos recibió en el andén, él nos guió y nos enseñó como manejarnos en la ciudad. Aquí comenzó nuestro primer paseo  a solas, en tranvía nos fuimos desde su casa, en las afueras de la ciudad, hasta el centro de Varsovia, justo allí en el monumento al Rey Segismundo III, allí nos encontramos con nuestra nueva amiga, Justine, ella fue nuestra compañera y guía desde ese primer día, luego tuvimos un encuentro con el grupo de esperanto de la ciudad realizado en el jardín de Irek. Los paseos por la ciudad continuaron siempre con la compañía de Justine así como también de Alina y su hija. Juntos estuvimos en la sede esperantista conociendo nuevos amigos.

Descubrimos visitando tres bellas ciudades, cada una con sus particularidades, con su historia, pero todas ellas mostraron una población tranquila, educada, respetuosa, calles limpias, un tránsito organizado, un cuidado por el medio ambiente, que se reflejaba en cada hogar donde se clasifican los residuos; las veredas solían verse adornadas con flores multicolores.

Ellos, maravillosas personas, ESPERANTISTAS, que nos recibieron con sus brazos abiertos, nos guiaron y nos transmitieron su amor al lugar donde viven y su amor por esta LENGUA, la que permite sentirnos como realmente somos: TODOS UNO.

Gracias por permitirme transmitir esta maravillosa experiencia a través del Esperanto.

Ana María Martínez.


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