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17 octubre 2012

DIPUTADO BIANCHI OPINA: EL TRATADO Y EL RUBRO INMOBILIARIO EN EL PAÍS Y EN COLONIA


(Opinión por Daniel Bianchi)
 La situación que atraviesa el mercado inmobiliario, en el país en general y en nuestro departamento en particular, es objeto de análisis por parte de distintos agentes y operadores turísticos ante la inminencia de la aprobación parlamentaria -con la conformidad de los legisladores del oficialismo únicamente, casi con seguridad- del controvertido Acuerdo de Intercambio de Información Tributaria entre Uruguay y Argentina.
La eventual concreción del mismo, vista más como una amenaza que como un beneficio, ha dado lugar a la incertidumbre y al temor en diversos sectores, y ello ha provocado que las inversiones argentinas desciendan en Uruguay, y lo hacen en mayor grado a medida que se acerca la definición del acuerdo.
El gobierno nacional argumenta que Uruguay está en condiciones de ingresar como miembro pleno de la Organización de Cooperación para el Desarrollo Económico (OCDE), pero es bueno comprender que ésta es un organismo de cooperación internacional integrado por 34 países con el objetivo de coordinar sus políticas económicas y sociales, que no tiene potestades jurídicas, de manera que mantenerse ajeno a él no aparejaría consecuencias para Uruguay.
La promulgación del Tratado por parte del Parlamento argentino, que tuvo lugar hace pocos días,  es una presión extra a la ejercida por la OCDE, e influye para consolidar un acuerdo que, desde todo punto de vista, será perjudicial para la sociedad uruguaya.
Hace tiempo que Uruguay se ha abocado a concretar ajustes legislativos y a elaborar condiciones que apunten a eliminar todas aquellas vacilaciones relativas a la transparencia y la cooperación internacional, fundamentalmente con vistas a evitar la evasión de impuestos, la fuga de capitales y el lavado de activos (recuérdese lo sucedido en 2009, cuando Uruguay fue incluido en una lista negra de paraísos fiscales).
Esa es la razón por la cual, desde el gobierno, se defiende con tanto ahínco el Tratado con Argentina.
Pero la oposición señala que, más allá de la presión internacional, el acuerdo no debe ser suscripto antes del año 2014 porque Uruguay no está obligado a ello. Por lo menos, no en las actuales circunstancias.
Ese es el gran problema: el gobierno argentino actual no es confiable ni creíble, y no ofrece las garantías adecuadas como para firmar un pacto de esta naturaleza, porque más allá de lo que diga el texto, es seguro que utilizará  las facultades que el mismo le conceda de manera totalmente arbitraria.
El gobierno argentino ha asegurado que no habrá retroactividad ni doble imposición, pero nadie le cree, entre otras razones, porque ya ha violado tratados similares. Lo hizo, sin ir más lejos, durante la campaña electoral de 2009, cuando utilizó información confidencial contra el empresario Francisco De Narváez, actual diputado nacional por la provincia de Buenos Aires. En este escenario, cualquier suspicacia que sea incluida en el Tratado derivará en la desaparición de las garantías para Uruguay.
Si se tratara de otro país -Uruguay ha firmado tratados bilaterales de intercambio de información con veinte naciones- tal vez las perspectivas serían distintas, pero el proceder del gobierno argentino respecto a su par uruguayo -y afectando directamente al pueblo uruguayo, lo que es aún mucho peor- a la Unión Europea y a otros países, ha dejado en claro la falta de confiabilidad. La soberbia, los abusos y los atropellos del gobierno del vecino país, dentro y fuera de fronteras, en muchos casos contraviniendo y vulnerando la legalidad y el Derecho internacional, no hacen de él un protagonista confiable.
Y para dar prueba de ello baste recordar la violación del Tratado de Asunción que regula al MERCOSUR, la expropiación ilegítima de la YPF y la confiscación de los ahorros de los argentinos de las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJPs), entre otros.
Súmense a ello las decisiones altamente perjudiciales para Uruguay que han significado el freno a la construcción de nuevos muelles en el Puerto de Nueva Palmira, la dilación del dragado del Canal Martín García, la negativa a dar a conocer públicamente los resultados de las mediciones de las emisiones de la planta UPM en Fray Bentos, y las últimas medidas adoptadas con vistas a evitar que los argentinos veraneen en Uruguay, tales como el corralito del dólar, la doble cotización de la moneda y los recargos a las tarjetas de crédito.
De tal suerte, el gobierno argentino dista mucho de mostrarse como un socio confiable, mientras su par uruguayo sucumbe una y otra vez a los caprichos surgidos desde el otro lado del río.
Entre los años 2003 y 2012, merced a las medidas de ajustes financieros adoptadas por el gobierno en 2002 y al contexto internacional altamente favorable, Uruguay ha registrado el mayor crecimiento económico de su historia, la mayor inversión inmobiliaria (superior, incluso al boom de la década de 1980), y la más alta producción industrial y agropecuaria de toda su vida. La inversión inmobiliaria fue clave para ello, y para ello no fue menester contar con los tratados que hoy exigen algunos organismos internacionales.
En contrapartida, la firma del Tratado en este contexto provocará que la industria de la construcción y la actividad inmobiliaria deban soportar resultados altamente desventajosos, y los primeros perjudicados serán Maldonado, Colonia y Montevideo, en ese orden.
No queremos eso para el país ni para nuestro departamento.
No es el momento de firmar un Tratado de esas características.
No lo es por lo que ha demostrado el gobierno argentino.
Y también por lo que no ha mostrado el gobierno uruguayo.


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