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| (Izquierda: Integrantes de Casa Pueblo Arcoíris y Guayubira comienzan el taller. Derecha: Junto al personal docente de la Escuela 232 de Solymar. |
Guayubira es la ONG´s que en Uruguay
trabaja para la preservación del Monte Nativo, con la que hemos
compartido diversas actividades.
Últimamente Guayubira ha expresado su
interés en colaborar con el Proyecto “Ser Nativos”, en especial
difundirlo en otras regiones del país, por considerarlo de gran
importancia en la preservación de nuestros recursos, cultura y
patrimonio nativo.
Este viernes 7 de Agosto se dio el
primer paso en este sentido. Con Lizzie, una de sus integrantes,
compartimos la primera experiencia con un taller sobre flora y fauna
nativa en la escuela 232 de Solymar, departamento de Canelones.
Apenas entramos al parque escolar, nos
encontramos con gran diversidad de plantas nativas custodiadas por
dos carpinchos tallados en madera.
La lluvia torrencial y el frío,
contrastó con la calidez del recibimiento de docentes y alumnos, con
saludos de bienvenida, besos y un silencio expectante al momento de
sentarse. Esto manifestó el gran interés en lo que pudiéramos
aportar sobre estos temas.
Como en las escuelas de nuestro
departamento, la clase práctica comenzó con una introducción, la
leyenda “El delicioso fruto
invisible”, lo que derivó en una catarata de preguntas muy
precisas, demostrándonos el valioso trabajo previo de las docentes.
El temporal impidió la plantación de
2 guayabos donados por Casa Pueblo Arcoíris, los cuales quedaron a
la espera del sol para sumarse al parque nativo escolar.
Como pudimos presenciar la llegada de
estos alumnos bajo un aguacero, motivados y ansiosos por asistir a la
escuela, no nos pareció extraño el recordar que una de sus alumnas
en el año 2014 recibió un premio, junto a dos niños de otras
escuelas, en el programa “Cero Falta” impulsado por ANEP, UNICEF
y ANTEL.
Al salir de la escuela, vimos todas las
caritas contra la ventana y sus manitos saludándonos y sus voces
pidiéndonos que regresáramos con más talleres.
Sentimos que allí quedó una llamita
encendida para que más niños uruguayos sientan palpitar su corazón
nativo al descubrir la magia de nuestros árboles, nuestros animales,
nuestra cultura originaria, nuestros paisajes; que necesita cada vez
más voluntarios para llegar a más escuelas que hoy piden
desarrollarlo.
