UNA TARDE PLENA DE TERNURA Y ALEGRIA
Amigas, que desde hace veinte años,
participamos de la vida de esta Institución, fuimos felices, a
unirnos a esta tradicional celebración bimensual.
El rosedal multicolor que cubre el
alambrado circundante y el precioso colorido de todo el entorno
enjardinado, nos recibe como un caluroso abrazo primaveral.
Nos alegra ver el estacionamiento con
todo tipo de vehículos; eso nos anuncia que muchos familiares y
amigos acompañan a los Residentes; es la presencia que valoramos
como TAN NECESARIA, para que el adulto mayor, se sienta en el HOGAR
COMO EN SU PROPIA CASA.
ENTRAMOS POR LA COCINA... Hay
allí un trajinar importante: las integrantes del valioso equipo de
trabajo junto a residentes “activas” y amigas que son
colaboradoras permanentes, preparan prolijamente los múltiples
platos, que vamos entregando al llegar a esa merienda compartida.
YA EN EL AMPLIO ESPACIO, CENTRO DE
LA FIESTA
Como es tradicional, una larga mesa,
donde están presidiendo los cumpleañeros, se luce, la bonita torta
de cumpleaños.
El animador de esta tarde es el popular
y tan querido Profesor Carlos Viera, con su cuerpo de baile; él se
encargó de iniciar batiendo palmas y cantando a toda voz ¡QUE LOS
CUMPLA FELIZ! Nos unimos formando un bullicioso coro. Mientras la
querida Ana, se multiplica en su labor de fotógrafa, e imparte
órdenes a los homenajeados, para lograr su “mejor pose” para la
cámara. No puedo menos que pensar: actúa tal como una VERDADERA
MADRE, en el cumpleaños de sus hijos pequeños; se cumple aquello de
que, cuando “llegamos a la ancianidad, nos compartamos como si
fuésemos nuevamente niños”.
SE INICIAN LAS DANZAS
Carlos nos explica; “son pocas las
parejas”. Nosotros pensamos; eso es lo que menos importa;
porque con el calor humano que esos “pocos” nos brindan: llenamos
el alma de todos los presentes. El nos dice; unos trabajan en el
frigorífico y en otras tareas vemos en el grupo de los
bailarines; una joven que nos habla de su abuelita internada y sus
padres; son una de las parejas faltantes.
Se iniciaron las danzas y en el girar
cadencioso de las polleras celestes, encontramos el color del cielo y
el azul cercano de nuestra bandera patria. Cuando llegan al Vals,
Carlos invita al público a integrarse a la danza, entonces la sala
se llena… y los residentes que conservan energías se transforman
en bailarines y en este momento, agradecemos a Dios, ser partícipes
de esta algarabía.
No encontramos mejor forma de agradecer
a este grupo de danza, que nombrar a TODOS sus integrantes con las
danzas que nos brindaron:
Carlos Viera - Erika Muniz: Alma,
corazón y vida.
Mabel Cagliari - Néstor Beltrán:
Chámame Ambulé.
María - Héctor Miñón: Mataco Díaz
desde el alma.
Washington Muniz - Mabel: Chamamé
Amboé.
Lillián De Armas - Germán Lezonzaín:
La ley y la trampa.
Nicolás Beltrán - Maite Morales: La
chicharra cantora y El violín de Beccio.
MIENTRAS TRASCURRÍA LA MERIENDA
Tenemos por costumbre acercarnos a
charlar con alguna abuela/o, que permaneció sentado, un poco al
margen del grupo. Y ese momento, siempre se transforma en algo
ESPECIAL, ambos abrimos el “baúl de los recuerdos y en algún
momento, nuestras vidas se han encontrado... A partir de ese instante
ya nos sentiremos “cerca para siempre”.
La próxima vez, quizás, y no
recordemos nuestros nombres, pero, eso ya no importa.
FINALIZANDO CON UN LINDO “PROYECTO”
Con Carlos, treinta años menor que yo,
nos une una riquísima amistad, que nació cuando ambos, éramos como
dueños, de la Escuela Nº 14 de Paso Antolín. Él me cuenta, que
está ensayando el Pericón Nacional con los niños, acá en
Tarariras.
De inmediato recuerdo, los residentes
han vivido los momentos más memorables, cuando docentes como Raquel,
Stella y Teresita, han traído esa danza para ellos.
Renée Villanueva
